Me gusta la botánica, me gusta el Jardín Botánico. El atractivo del Tejo.

José Luis Suárez Mochales nos habla en su vídeo del gran atractivo que han tenido desde siempre los tejos (Taxus baccata) para el ser humano. Bien por la edad que pueden llegar a alcanzar, por su tamaño, por su singularidad y rareza, por su toxicidad o por otros muchos motivos, los tejos han sido siempre árboles que llaman la atención.

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Este hecho nos permite comentar uno de los grandes debates que actualmente hay abiertos sobre la conservación de los árboles monumentales y singulares. Todos conocemos árboles en nuestro entorno a los que el exceso de visitantes ha puesto en peligro y a los que ha habido que proteger físicamente de ese amor excesivo, por masivo, de las personas. Uno de los ejemplos madrileños más evidentes es el del Ahuehuete del Retiro, probablemente el árbol más viejo de toda la ciudad, que ha tenido que ser protegido con una valla del cariño de sus admiradores. Otro caso muy conocido es el del famoso, para su desgracia, tejo de “….” situado en un paraje que no era muy visitado del Parque Nacional de La Sierra de Guadarrama y que hoy, también, ha necesitado ser protegido por un vallado.

Los efectos que un exceso de visitantes ocasionan directamente sobre un árbol son muy fáciles de comprender. Por un lado la erosión ocasionada por el paso de cientos de personas genera procesos erosivos que descalzan las raíces y hace, que las partes expuestas al aire de las mismas, mueran y dejen de crecer. De hecho ver un árbol monumental y sus raíces más cercanas descubiertas es un síntoma claro de un proceso erosivo puesto en marcha, normalmente, por desinformados admiradores y gestores de recursos turísticos.

Por otro lado, existe otro efecto del pisoteo quizás más grave, que es la compactación del suelo. La compactación impermeabiliza la capa superior del suelo frente al agua y al aire. De este modo se pierde la posibilidad de aprovechar una fracción del agua de lluvia que resbala y arrastra nutrientes y sólidos aumentando el proceso erosivo en un círculo vicioso. El entorno se vuelve en la práctica más seco y más pobre y el anciano árbol monumental sufre en exceso. Al mismo tiempo se taponan los múltiples poros del suelo  natural, no hollado, mullido, sin compactar, y se impide el paso del aire. El sistema radical ya no puede respirar, se asfixia y queda constreñido. Se  desarrolla con dificultada y disminuye en volumen y eficacia incluso hasta morir.

Si el proceso informativo sobre su ubicación y valor se desencadena, la llegada de oleadas de visitantes hasta arboles singulares en medio de la naturaleza supone una alteración de su entorno en muchos sentidos: perdida de tranquilidad y naturalidad, incremento de basuras, perdida de biodiversidad por pisoteo, cambio de la composición florística, posible llegada de enfermedades o especies exóticas,… No solo sufre el árbol, su entorno cambia radicalmente, sobre todo en carácter, estructura y esencia. Ese ha sido el caso no solo de algunos árboles del Guadarrama sino el caso de alguna de sus cascadas (chorreras) más hermosas. La conocida marca de lugar con encanto, pasa a convertirse en “espacio de desencanto” para todos aquellos que las conocieron previamente y para gran parte de los Amantes de la Naturaleza (con mayúsculas) que llegan por primera vez hasta ellas.

La opinión de Naturaleza Vecina al respecto es clara:  La información sobre árboles monumentales y singulares en el medio natural es tan delicada como la de la presencia de un nido de águila imperial o una paridera de un lince. Su inventariación y catalogación puede llegara a ser necesaria por motivos de conservación. La información sobre ubicación y acceso debe estar absolutamente limitada o, en cualquier caso, no puede ser objeto de consumo y comercio. Dejemos el encuentro con estos ejemplares al azar, al descubrimiento intimo, al regalo de la Naturaleza, y a la conexión y reconocimiento interior.

Debemos aprender a disfrutar de lo cotidiano, del matiz de cada día, de las sorpresas que nos deparan los ritmos de la naturaleza o de la belleza de lo cercano. El cultivo del conocimiento y la sensibilidad hacia lo pequeño nos van a ayudar. Cuando nos encontremos con lo monumental, lo singular y lo valioso, cuidémoslo como si fuera de la familia. Como haríamos con nuestros mayores o nuestros pequeños. No los exhibamos ni los explotemos, démosles su espacio y su autonomía. Su libertad.

 

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4 Respuestas a “Me gusta la botánica, me gusta el Jardín Botánico. El atractivo del Tejo.

  1. Como siempre muy buen post, pero no estoy muy de acuerdo con el de esconder los arboles o arboledas singulares, ojo tampoco soy de sacarlos a voz populi, pero creo que en el termino medio esta la virtud.

    • Nos encanta que se reflexiona sobre este tema. Muchas gracias por tu opinión. Yo insistiría en el tema de las raíces. Si el árbol en cuestión deja a la vista sus raíces o presenta un suelo desnudo en su entorno, es señal inequívoca que el número de visitantes y de amigos a superado su capacidad de acogerlos. Un cordial saludo de Naturaleza Vecina.

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