Y, DE REPENTE, UN DELFÍN

POR MANUEL ARRETXEA PARA NATURALEZA VECINA.

Presentación1

Puede sonar cómico, una situación digna de una película de Berlanga, pues no es esperable encontrarse en medio de la meseta castellana con un delfín muerto. Esto es lo que le pasó a una persona la semana pasada mientras se daba un paseo por la Casa de Campo, y no tiene nada de gracioso, ya que es el cadáver de un mamífero que seguramente habrá sido maltratado. Y además es preocupante, pues denota la existencia de un tráfico de animales salvajes fuera de control.

Todos hemos visto delfines acompañados por orcas o focas en espectáculos realizados por zoológicos y parques acuáticos. De gran inteligencia, son entrenados para que obedezcan a sus cuidadores, siempre a cambio de comida. Queremos creer que son tratados con cuidado y tienen una vida aceptable, aun cuando son sometidos, a cambio de comida, a entrenamientos muy duros e intensivos para conseguir que realicen esas cabriolas que tanto nos gustan. Además, por muy amplias que sean las instalaciones que los albergan, para animales de su inteligencia y acostumbrados a la inmensidad marina permanecer confinados de por vida a los límites de éstas ya es de por sí una tortura. Añádasele la contaminación acústica: música a todo volumen, y el ruido repetitivo de las bombas del agua y  los filtros, que les dejan secuelas psicológicas.

Esto, si hablamos de instalaciones más o menos controladas y legales. Piénsese en espectáculos de circos con leones, tigres, elefantes  y otras especies. Cada vez que llevamos a nuestros hijos a un evento de este tipo, les estamos enseñando que los animales pueden ser tratados como meros objetos para nuestra diversión, sin tener en cuenta sus necesidades ni su sufrimiento: entrenamientos nuevamente basados en el maltrato físico o condicionados a la obtención de comida, encierros en jaulas, palizas, gritos, largos traslados…

Por supuesto, no se pretende descalificar ni acusar a profesionales como los titiriteros. Sólo queremos decir que un espectáculo circense tiene atractivo de sobra con las cabriolas y habilidades de sus trapecistas, malabaristas y payasos sin necesidad de utilizar ningún animal. En la Comunidad de Madrid existe un centro dedicado a albergar primates rescatados en su mayoría de espectáculos de dudosa ética. Mal alimentados durante años, con señales de tortura, dientes arrancados, traumatizados. Otros provienen de traficantes ilegales, incluso de colecciones de particulares que los abandonaron cuando dejaron de  resultar tan “monos”.

Hablando de particulares… en los últimos años ha aparecido la moda de coleccionar animales exóticos en casa como si fueran gatitos. A cada cual más extravagante: iguanas, mapaches, pitones, geckos… ¡lémures!.

Muchos son liberados por sus dueños de manera incontrolada: mapaches que desplazan a las especies autóctonas y son un peligro para la salud en el Parque Regional del Sureste, cerdos vietnamitas que se cruzan con el jabalí autóctono (ya se habla con asiduidad de los cerdolíes), y tantos otros ejemplos de especies que hemos comentado en este mismo blog: cotorras de cramer y argentinas, galápagos de florida…

Por último: todos estos animales, sean tratados con humanidad o no, han venido de algún sitio. Su captura suele ser traumática, en muchos casos son literalmente secuestrados por mafias que pueden llegar a matar a varios ejemplares adultos para conseguir una cría. O proceden de la  cría en cautividad, a años luz de la vida que tendrían en condiciones naturales.

España firmó hace 30 años (1986) el convenio CITES sobre tráfico de especies amenazadas. Existen leyes y normativa más que suficiente para controlar el comercio de especies y el maltrato animal. Lo que aún no ha llegado a la sociedad es la convicción de que los demás animales deberían ser respetados con la misma intensidad que las personas.

 

 

 

 

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Una respuesta a “Y, DE REPENTE, UN DELFÍN

  1. Desde Naturaleza Vecina queremos añadir una información a la noticia relativa a las circunstancias del hallazgo de la Casa de Campo. El hecho de envolver el cadáver en una malla de metal, parece denotar según los expertos, el interés por conseguir un esqueleto completo del ejemplar sin perder ningún elemento. En definitiva que el origen del espécimen no lo conocemos pero el fin de su abandono, parece indudable que tiene un interés científico o de coleccionista. Lo cual nos permite abrir una nueva hipótesis menos dura. La de que el cadáver del delfín pudiera haber sido encontrado en una playa por un madrileño con interés en la anatomía de esta especie y que fuera abandonado en la Casa de Campo fuera del alcance visual de sus visitantes con este motivo.

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