LOS SONIDOS DEL SILENCIO

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POR MANUEL ARRETXEA PARA NATURALEZA VECINA.

Es sorprendente lo que se puede escuchar en una gran ciudad. Estamos habituados por la rutina diaria al bullicio impaciente del tráfico, pisadas de transeúntes apurados dirigiéndose hacia algún lugar, retales de conversaciones más o menos trascendentes… Pero de entre todos estos sonidos surgen algunos momentos donde uno, si va por la vida un poco atento, puede verse sorprendido por un trino, el sonido del viento peinando las ramas de los árboles o haciendo bailar las hojas secas, el repiquetear del agua de una fuente…

En cualquier época del año, incluso en invierno, el paseante puede identificar por una fugaz mancha anaranjada a un viejo conocido, brincando entre las ramas o en busca de algún insecto entre la hojarasca. El petirrojo, que unas veces se deja notar por el “chac, chac, chac” de su reclamo, canta ahora a pleno pulmón posado en la rama alta de un árbol dejando oír su potente y musical gorjeo, parecido al de un ruiseñor. Generalmente se le puede oír con más intensidad a primera hora de la mañana.

También se le puede oír en cualquier estación, pero es en el melancólico ambiente de un parque en invierno cuando se nos antoja más misterioso el relincho de un pito real, al que es más fácil oír que ver, pero con un poco de suerte podremos divisar agarrado a un tronco verticalmente apoyándose en su fuerte cola, o ejecutando su sinuoso vuelo entre los árboles desnudos de hojas.

Ya se ha dedicado aquí algún apartado al mirlo, que empieza a cantar en esta época del año en que la naturaleza empieza a desperezarse debajo de la pesada capa urbana. Y, a medida que avance el invierno y vaya aumentando la temperatura, se irán escuchando paulatinamente más cantos y gorjeos de una buena cantidad de especies de aves.

Sin ir más lejos: un  poco más allá se oye a un grupo de páridos saltando de un árbol a otro. De entre su amplio repertorio, muy desarrollado, destaca el sonoro “chi-chi-pén”, repetido dos o tres veces, con el que el carbonero común inunda bosques y jardines al inicio de la primavera. Debido a que suelen pasar el invierno mezclados en bandos mixtos, es posible que también escuchemos cerca al herrerillo común, también un virtuoso del bel canto aunque con un timbre más sutil. Y, si tenemos suerte, quizá veamos también a su primo el garrapinos, con su repetitivo “chí-chuí”. Todos ellos son algunos de los cantos que más pronto aprenden a diferenciar los amantes de las aves.

Una charla nerviosa, prolongada y chillona, nos saluda desde lo alto de un árbol. A su autor le contesta otro más desde un poco más lejos. Los verdecillos también han despertado y están en pleno celo, marcando su territorio e intentando atraer a las hembras. Se les puede ver durante todo el año pero no son los mismos siempre. Los que nos acompañan en invierno son poblaciones norteñas que regresan a sus áreas de cría en Febrero o Marzo, siendo sustituidos por los realmente madrileños, que regresan de su estancia en el norte de África adonde fueron en otoño para invernar.

A finales de febrero, un momentáneo silencio del tráfico nos puede regalar un sonido emocionante, por lo que tiene de naturaleza salvaje que irrumpe por un momento en nuestra cotidianeidad urbana. Una bandada de grullas, de las miles que pasan por Madrid rumbo hacia el norte de vuelta a sus áreas de cría, nos sorprende con su parloteo volando con su característica formación en V. Ya nos sorprendieron con su llegada adelantada en otoño, sobrevolando El Retiro a mediados de octubre, antes de amanecer. Que tengáis un buen viaje, volveremos a veros en Otoño.

Nota del Editor: No nos resistimos a incluir en el texto, una referencia verbal ocurrida hace años y narrada por nuestro comentarista puntual Nicolei Nicolei, sobre los estorninos negros. Paseando a la salida del trabajo por el Parque de Polvoranca con varios compañeros, sonó un teléfono móvil con una melodía comercial de una determinada compañía. Varios de los presentes echaron mano al bolsillo y comprobaron que no se estaba produciendo ninguna llamada, y sin embargo un móvil seguía sonando en la cercanía. Observaron a su alrededor y descubrieron un estornino negro cantando dicha melodía. Esta especie, además de una gran trinadora, es una gran imitadora de otras aves. Lo que no imaginaban era que fuera también capaz de imitar melodías telefónicas comerciales. Naturaleza Urbana, Naturaleza Vecina.

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2 Respuestas a “LOS SONIDOS DEL SILENCIO

  1. No había leído este boletín de NV, por motivos varios, hasta hoy y me encuentro con la referencia tan exacta y bien contada de aquella experiencia sorprendente que tuvimos en Polvoranca.
    Mis despertares mañaneros los produce el silbido aislado de un mirlo, encargado por la naturaleza de saludar y despertar al día de este barrio vallecano; luego viene el “parloteo” de los gorriones. Pero eso ya es otra cosa…
    Bravo, creo que en NV lo estáis haciendo francamente bien!

    • Hola Nico: Me alegra mucho “oir” tu voz, entre el trino de tanto pájaro. Como otras muchas veces te he dicho, a ver si te animas a hacernos una pequeña crónica para Naturaleza Vecina. ¿Siguen las “cigüeñas anteneras” por tu barrio madrileño. Un abrazo muy fuerte.

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