UNA FICCIÓN NATURALISTA. LOBOS Y HUMANOS EN MADRID 2036

Por Manuel Arretxea para Naturaleza Vecina con la colaboración de Jacobo Maldonado.

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Madrid, año 2036. Leemos una noticia aparecida el 16 de febrero en el periódico “El Androide Ilustrado”, en la que el articulista comenta los resultados del seguimiento anual del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, Cuenca Alta del Manzanares y Monte del Pardo.

El asentamiento en la comarca de una pequeña manada de lobos, en el año 2015, significó un revulsivo en la forma de pensar de la sociedad madrileña acerca de sus espacios naturales. En una sociedad urbanita y educada, cada vez más necesitada de espacios abiertos y de contacto con la naturaleza, creció rápidamente la conciencia sobre la necesidad de proteger las comarcas menos humanizadas de la provincia y de conservar sus recursos naturales, al verlos más como una oportunidad que como un problema.

A partir de este radical cambio de concepto, la gestión de los espacios naturales se centró en la conservación de los ecosistemas y en la potenciación  de actividades tradicionales sostenibles. En 2018, el primitivo Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama incorporó parajes que inexplicablemente habían quedado fuera en el momento de su declaración, como el valle de Valsaín o el Pinar de los Belgas en el valle del Lozoya. A la vez, fue ampliado hacia el sur en más de 53.000 ha para incluir el Parque Regional de la Cuenca alta del Manzanares y el Monte de El Pardo, ya a las puertas de nuestra ciudad.

En cuanto a la gestión forestal, se fijó un doble objetivo. Por un lado la maximización de los servicios ambientales como provisión de agua, fijación de carbono, fomento de la biodiversidad, espacio de contacto con la naturaleza… Por otro lado disminución de los costes de mantenimiento e incremento de la eficiencia en la gestión de sus aprovechamientos tradicionales, cuyos ingresos inciden en la consolidación de un modelo de desarrollo sostenible a escala regional. El resultado actual es una masa forestal algo más variada, con portes arbolados mayores, con aprovechamientos ganaderos extensivos equilibrados y con producción de materias primas renovables, como la madera, destinadas al mercado metropolitano concienciado con productos elaborados de máximo valor añadido.

Se trabajó con las comunidades ganaderas: además de mantener las ya existentes indemnizaciones por daños del lobo al ganado, se favoreció la explotación de razas autóctonas que han convivido durante siglos con los grandes depredadores y saben plantarles cara, además de la introducción de prácticas defensivas como utilizar mastines, proteger a las vacas parturientas y sus crías recién nacidas en rediles, y guardar el ganado por la noche. Como resultado, los ganaderos se habituaron a la presencia del predador a la vez que pudieron seguir realizando su trabajo de manera sostenible, con un plus de calidad ambiental añadido.

Con el establecimiento de estas prácticas, pronto se pudo comprobar que las manadas de lobos se especializaban en depredar sobre sus presas naturales, por otra parte abundantes en toda la comarca. Los excedentes de jabalí, corzo, ciervo o gamo, que habían proliferado en exceso y  amenazaban seriamente los ecosistemas del Monte de El Pardo, pudieron ampliar su territorio hacia el Norte al desaparecer la valla que los confinaba. Así mismo, las poblaciones de cabra montés de las faldas de la sierra, al no tener depredadores, habían llegado a afectar seriamente la vegetación del Parque a principios del siglo XXI, bajaron hasta densidades aceptables para el ecosistema y la flora de montaña protegida volvió a recuperar sus poblaciones y localidades más emblemáticas.

Los resultados no pudieron ser más espectaculares: en menos de diez años se redujeron a la mitad los excedentes de cabra montés y se estabilizaron las poblaciones de las demás especies de ungulados silvestres. Los jabalíes que campaban a sus anchas por los núcleos urbanos próximos al Pardo, dejaron de hacerlo y una de sus presas más frágiles, el conejo, volvió a alcanzar valores propios de su importancia en la cadena trófica mediterránea.  El control de los grandes herbívoros por parte del lobo permitió el crecimiento de los jarales, coscojales, encinares, y otros tipos de vegetación en las barrancas de La Pedriza, y saucedas, tarayales y fresnedas en las orillas del Manzanares. Esto favoreció la estabilización de las orillas del río al disminuir la erosión, y aumentó la cantidad de agua retenida por todo el ecosistema y sobre todo su calidad.

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Así, hacia 2020 había llegado el lobo al Monte de El Pardo. Por las tierras desnudas de la rampa de la Sierra se extendieron bosquetes de encinar y alcornocal a partir de pequeños rodales ya existentes, las aves emblemáticas de la fauna ibérica, como el águila imperial, la cigüeña negra o el buitre negro, ampliaron su población al amparo de la disminución de los jabalíes y el incremento de los conejos. La biodiversidad se incrementó considerablemente. En los últimos años se han vuelto a detectar rastros de lince ibérico en el término de Madrid, en El Pardo.

Todo este trabajo se realizó sobre la base de estudios anteriores, como un histórico artículo publicado en 2014 en el Journal of Animal Ecology, donde investigadores de la Universidad Estatal de Washington y la Universidad de Oregón mostraron cómo, en un periodo de 19 años después de la  reintroducción del lobo en el Parque Nacional de Yellowstone, se habían producido exactamente estos efectos positivos que relatamos. Es más, se había favorecido indirectamente a otra de las especies emblemáticas del parque: el oso pardo. Al mantenerse los ciervos lejos de los espacios abiertos por miedo al lobo, se incrementó en éstos la cantidad de arbustos productores de bayas silvestres, alimento esencial para el oso especialmente en la época en que se preparan para la hibernación.

Y esto nos lleva a esta sugerente idea: ¿podría ser la consolidación de la vuelta del Lince Ibérico y la reintroducción del oso pardo los siguientes paso para nuestro Parque Nacional?.

Por Manuel Arretxea para Naturaleza Vecina con la colaboración de Jacobo Maldonado.

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6 Respuestas a “UNA FICCIÓN NATURALISTA. LOBOS Y HUMANOS EN MADRID 2036

  1. Por supuesto, el jabalí, presionado por el lobo, decidió abandonar los entornos periurbanos, donde esa presión es menor. Lo de las razones inexplicables para excluir valsain o el pinar de los belgas del parque nacional manifiesta un cierto desconocimiento por parte del autor. Podremos estar más o menos de acuerdo con esas razones, pero existir, existen. Y en cuanto a lo de los ingresos por madera… La normativa de los PN prohíbe expresamente las talas con objetivos comerciales, así que poco se va a sacar de ahí.

    • La presión sobre los entornos periurbanos de los jabalíes es una de las cuestiones que evidentemente quedan al aire en está fabula. Nuestra línea de razonamiento es que la búsqueda de comida es el motivo principal para esta presión, y está ocasionada por el exceso de población en la zonas naturales. Al bajar la población de jabalíes la abundancia de comida accesible se incrementa en las zonas naturales. Otra cosa sería que los jabalíes criasen con comodidad en la zonas periurbanas de lo que todavía no conocemos muchos datos documentados.
      Evidentemente las razones de la exclusión de Valsáin y el Pinar de los Belgas, las conocemos. Producción de madera con motivos comerciales. La palabra inexplicable es otra licencia literaria, pues no deja de ser inexplicable para nosotros que ambos parajes, mantienen unos niveles de naturalidad tan altos o mayores que los pastos de altura donde se práctica la ganadería extensiva y sin embargo la normativa no permite incluirlos en un Parque Nacional. Pensamos que el colectivo humano es capaz de encontrar nuevas fórmulas para cambiar este hecho. Por ejemplo que los ingresos por aprovechamientos sostenibles madereros con un turno superior a los 80 años, sirvan de fuente de ingreso para el mantenimiento del propio Parque Nacional por una vía u otra.
      Muchas gracias por tu comentario, Daniel, nos encanta debatir y aprender de lo que aportáis los que os animáis a escribir.
      Un saludo de Naturaleza Vecina.

      • Muchas gracias por vuestra contestación. La verdad es que las concepciones excesivamente buenistas (u optimistas) sobre el medio ambiente siempre me han sentado mal, por lo de engaño que suponen para el público, que luego se plantea demandas inasumibles o contraproducentes. Con respecto al lobo me gustaría recomendaros “A case history of wolf-human encounters in Alaska and Canada”, editado por el departamento de caza y pesca de Alaska en 2002. Es una visión de lo que podemos esperar en Madrid, con una sierra “lobera” llena de excursionistas. Y no es que me parezca especialmente grave o apocalíptico. Simplemente que la gente se puede llegar a sorprender cuando se de cuenta de que un lobo suficientemente hambriento puede morder, y nos encontremos un movimiento pidiendo un gps para cada lobo, guardias armados en la Boca del Asno, y tonterías similares.
        En cuanto a los recursos económicos, me parece muy bien lo que proponéis de aprovechamientos madereros sostenibles (¡lo firmo ya!), pero desgraciadamente la tendencia que determinado sector va imponiendo es que cualquier aprovechamiento es “a priori” negativo para la conservación (por eso tiene tan bajo valor ecológico el pinar de los belgas, apuntaría yo). Y lo que se dice de la madera vale para la caza.

      • Muchas gracias por tu nuevo comentario. Aunque mi nivel de idiomas no es muy alto intentaré leer el artículo señalado. Según cuenta los especialistas en lobo, las relaciones entre hombre y ser humano son objeto de múltiples tensiones, discusiones, peleas, etc. Nuestro espíritu es crear opinión y en la medida de lo posible proponer escenarios o soluciones posibles.
        Por qué no te animas a escribir algo sobre lo que opinas de la convivencia entre hombre y lobos. Te lo publicamos y le añadimos nuestros comentarios aparte.
        Un saludo de Jacobo Maldonado en nombre de Naturaleza Vecina.

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