SUPERPOBLACIÓN DE TORTUGAS EN ATOCHA: UNA LECCIÓN DE ECOLOGÍA URBANA

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DE MANUEL ARRETXEA / ENTORNO S.L. PARA NATURALEZA VECINA

El último recuento de tortugas realizado en el jardín tropical de la estación de tren de Atocha, en el centro de Madrid, arrojó la cifra de 300 individuos, de los que el 80 % pertenecen a especies catalogadas como especies exóticas invasoras.

Gran número de ejemplares de varias especies de peces, de reptiles, de mamíferos y de aves, adquiridas en su día como mascotas, es liberado por sus dueños cuando dejan de ser agradables, o cuando su número o tamaño resulta excesivo. Como ya se ha dicho, casi siempre son especies exóticas invasoras, de las que está prohibido por ley deshacerse sin más, abandonándolas en un medio natural o urbano.

Esto último es probablemente desconocido por  la mayoría de personas que dejaron a sus tortugas en el estanque de la estación de Atocha, pues rara vez existe una concienciación acerca de los problemas que las especies invasoras pueden causar en los ecosistemas locales, sean éstos naturales o jardines u otros equipamientos urbanos. Probablemente pensarían, de manera bienintencionada, que las dejaban libres en un sitio seguro y con abundante alimento.

Nada más lejos de la realidad, de hecho: las tortugas, que en su mayoría son galápagos de Florida (Trachemys scripta), y de las que la Unión Europea prohíbe su importación desde 1997 (subespecie elegans), están presentes desde hace tiempo en prácticamente todos los grandes parques madrileños, especialmente en el Juan Carlos I y los arroyos de la Casa de Campo. En jardines y estanques artificiales, cuando su número empieza a resultar excesivo, llegan a depredarse unas a otras por la falta de alimento. Es el caso del estanque de Atocha, donde las tortugas, que se han convertido en un icono de la estación, son observadas por multitud de personas al día. Algunas de ellas flotan sin vida.

Otros vecinos venidos de tierras lejanas, y habituados a nuestra ciudad desde hace tiempo, son la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) y la cotorra de Kramer (Psittacula krameri). Introducidas también como mascotas, la población de cotorras ha crecido por miles desde que los primeros ejemplares escaparan en los años 70. Así, por las calles de Madrid vuelan alrededor de 5.000 ejemplares de cotorra argentina, según el censo de esta especie realizado por SEO/Birdlife en 2015. Se las puede ver por el parque de Arganzuela, la zona de Madrid Río, la Casa de Campo o el Retiro, donde desplazan a especies autóctonas. Al no tener competidores ni predadores, también han llegado a convertirse en muchos casos en un problema ecológico y social, causar molestias a los vecinos por su bullicio estridente, sus grandes nidos y sus excrementos, o provocar daños en jardines y estructuras civiles… Otra vez la sobrepoblación.

No sólo las especies exóticas tienen o causan problemas en su introducción. Desde los años ochenta se han realizado sueltas de ardillas rojas autóctonas (Sciurus vulgaris) en El Retiro y otros parques emblemáticos de Madrid como la Casa de Campo, con el fin de que los visitantes puedan deleitarse contemplando esta simpática y amigable criatura. La población de estos roedores ha tenido sus altibajos, por lo que ha sido necesario realizar reintroducciones en varias ocasiones. En el caso de El Retiro, la causa de estas misteriosas fluctuaciones, donde poblaciones aparentemente sanas de centenares de individuos desaparecían en pocos años, quizá pudiera estar en lo limitado del medio en que viven: El Retiro es un jardín grande pero aislado por la ciudad, por lo que las ardillas no tienen ninguna posibilidad de salir fuera de sus límites. Cuando llegan a ser tantas como para escasear las semillas que puedan encontrar de forma natural, aceptan confiadas cualquier resto de alimento ofrecido por los turistas, lo que puede acarrearles la muerte por trastornos digestivos. Se cuentan casos además en que aprovechando su curiosidad, han sido objeto de robo o maltrato…

Caso similar es el de los conejos en la Casa de Campo, que está provocando en muchos casos efectos erosivos muy claros y la eliminación total de vegetación en aquellas zonas con mayor densidad de la población. Este desarrollo imparable se produce nuevamente por la ausencia de especies depredadoras que podrían contribuir a equilibrar su población.

Más allá de los límites de la capital, con la cabra montés en la sierra de Guadarrama encontramos un caso parecido. Desde sus primeras reintroducciones su población se disparó hasta los más de 4.000 ejemplares, lo que ha ocasionado problemas de regeneración de la vegetación y aparición de procesos erosivos.

No hay mucha diferencia entre estos ejemplos y otros animales que consideramos dañinos o plagas. En realidad, todo se resume a que cuando una población de cualquier especie dispara su número, de tal modo que el medio no puede satisfacer sus necesidades, llega a convertirse en un problema. La rata parda prefiere frutos, cereales, y animales pequeños en su medio natural. Ya sabemos de qué se alimenta en nuestras ciudades.

MANUEL ARRETXEA/ENTORNO S.L. PARA NATURALEZA VECINA

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2 Respuestas a “SUPERPOBLACIÓN DE TORTUGAS EN ATOCHA: UNA LECCIÓN DE ECOLOGÍA URBANA

    • En un reportaje televisivo emitido por una cadena autonómica, daban a entender que todos los animales que iban apareciendo por el jardín tropical eran gestionados por la empresa de mantenimiento del mismo, que hacía lo que podía al respecto.

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